Nadar
a contracorriente.
Hacía
años que no nos veíamos. Estudiamos
juntos y tras mi incorporación al despacho donde trabajé durante 8 años nos
perdimos la pista… Tras los típicos: cuánto tiempo, bla, bla, bla , surgió la pregunta del millón: - ¿Sigues
ejerciendo?
- No, desde que volví he
estado haciendo algunas cosillas por aquí y por allá pero no quiero hacer nada
relacionado con la profesión- y terminé anunciando muy orgullosa- Ahora, ¡soy
mamá a tiempo completo!
Sabía que por el último
comentario muchas feministas de pro
me crucificarían, pero su reacción me dio que pensar. Al parecer haber invertido tiempo y dinero en labrar una
carrera profesional, lograr cierto éxito y después abandonarla también debe ser
un crimen. A partir de ese momento, la conversación se volvió glacial y, de
repente, me vinieron a la mente las reacciones de mis antiguos colegas. Habían
sido casi idénticas. ¡A sus ojos me había convertido en un paria de la
sociedad!
Puede que en una época en la que el paro se
ceba con muchas personas, mi postura sea un tanto incomprensible. No aspiro a
justificar mi decisión y, aunque cuando la tomé no era plenamente consciente de
sus consecuencias, no me arrepiento. Durante
estos años nunca he dicho con claridad porqué lo dejé … Como casi siempre la
literatura me ha facilitado la tarea. He aquí el fragmento de una novela que
explica perfectamente lo que quiero decir: “Tonterías-interrumpió
con rudeza C.W- los abogados estáis para aconsejar cómo hacer lo que la ley no
te deja hacer y hacerlo legalmente. Para eso os pagamos.- Y mirando con ojos
inexpresivos a K.J añadió arrastrando las palabras- claro que, estoy hablando
de los buenos abogados.”
Quizás me haya convertido en
un paria de la sociedad. A cambio, he aprendido a valorar más las cosas, a
reciclar, a consumir más responsablemente, tengo más tiempo para estar con mi
familia y mis amigos, hacer cosas que verdaderamente me gustan y a sentirme bien conmigo
misma… En definitiva, no me parece que
sea un gran precio por nadar contracorriente.