Definitivamente,
me he apuntado al movimiento slow. No obstante, para una nerviosa compulsiva
como yo que tiende a dispersarse con facilidad, la mentalización es indispensable.
Por eso, las dos actividades que me he propuesto para este mes me van a venir
de perlas.
Por
otra parte, y aunque yo no tengo una mano demasiado verde, he comenzado un
curso que se titula: “el huerto en tu balcón”. Se trata de una tendencia,
quizás no demasiado conocida por estas latitudes pero que ha ido cuajando entre
un sector de la población. el objetivo es aprovechar un espacio reducido como un
balcón o una terraza para comprender los principios de los cultivos
ecológicos. En esta actividad la
paciencia también es indispensable: unos tomates o unas hojas de espinacas, que
puedes obtener casi inmediatamente en la tienda de la esquina de tu casa, tardarán
bastante tiempo en llegar a tu plato si los cultivas por ti mismo. A la vez, esto me ha permitido pensar en lo
que cuestan y lo que valen las cosas y, en aquellos que viven de la tierra. Es
evidente que a partir de ahora, cada vez que vaya a la tienda buscaré aquello
que haya sido producido más cerca de casa. Y, sobretodo, saborear y apreciar cada
bocado.