martes, 21 de febrero de 2012

El arte de cultivar la paciencia



Definitivamente, me he apuntado al movimiento slow.  No obstante, para una nerviosa compulsiva como yo que tiende a dispersarse con facilidad, la mentalización es indispensable. Por eso, las dos actividades que me he propuesto para este mes me van a venir de perlas. 

Gracias a Patricia y a Ana de TximeletaK scrapbooking he aprendido algunas nociones de este arte- ya que los objetos que salen de sus manos son verdaderas pequeñas joyas-.  En esta actividad, los recuerdos  emergen a flor de piel y eso, te permite reflexionar sobre las cosas verdaderamente importantes: Ese momento de risas sin motivo aparente que te transporta a tu adolescencia, aquel año en que tuviste un gran disgusto y cómo fuiste capaz de superarlo, la sensación de instinto salvaje cuando nacieron tus hijos, aquella sonrisa tierna de tu abuela cuando te comías sus galletas. Todo eso resumido en fotos, retazos de papel, cola, tijeras, mucho amor y en sus manos: arte. Mucho arte.  Lo que de momento, yo estoy lejos de conseguir.  Mientras, a la vez que cultivo mi capacidad de ser paciente…. me ha quedado una manualidad muy chula.
Por otra parte, y aunque  yo no tengo una mano demasiado verde, he comenzado un curso que se titula: “el huerto en tu balcón”. Se trata de una tendencia, quizás no demasiado conocida por estas latitudes pero que ha ido cuajando entre un sector de la población. el objetivo es aprovechar un espacio reducido como un balcón o una terraza para comprender los principios de los cultivos ecológicos.  En esta actividad la paciencia también es indispensable: unos tomates o unas hojas de espinacas, que puedes obtener casi inmediatamente en la tienda de la esquina de tu casa, tardarán bastante tiempo en llegar a tu plato si los cultivas por ti mismo.  A la vez, esto me ha permitido pensar en lo que cuestan y lo que valen las cosas y, en aquellos que viven de la tierra. Es evidente que a partir de ahora, cada vez que vaya a la tienda buscaré aquello que haya sido producido más cerca de casa. Y, sobretodo, saborear y apreciar cada bocado.