martes, 17 de enero de 2012

Deseos para el Año Nuevo

Acaba de empezar un nuevo año. Casi todos nosotros, al menos, alguna vez, nos planteamos nuevos propósitos a través de los que alcanzar nuestros sueños: dejar de fumar, comenzar a hacer ejercicio, retomar relaciones un poco olvidadas...

Yo, voy a transcribir un párrafo del Diario de una Abuela de Rosa Regás (ed. Planeta 2004), ella plasma con mucha maestría deseos que comparto plenamente.

"Para el futuro, para el siglo XXI, el siglo de la vida de mis hijos y de mis nietos y de todos los que me sucederán, quisiera un mundo donde reinara la palabra y el placer. Donde el celuloide y la virtualidad fueran métodos de conocimiento y ocio y no contenidos últimos, más firmes que las ideas, mas absorbentes o dominantes que las creencias. Un mundo en el que la información dejara de ser un rosario de noticia de igual valor e intensidad que se suceden raudas como las horas sin dejar más que una estela de polvo y de olvido.

Quisiera un mundo que se hubiera hartado del consumo y de la estupidez, con hombres y mujeres que cifráramos nuestra dicha en algo que no fuera el dinero, la posesión y el éxito conseguidos a cualquier precio, que supiéramos envejecer sin prótesis y con dignidad, que no encontráramos el techo de nuestro valor en la vanidad, que no fuéramos carne de cañón de manipuladores de las conciencias, que viviéramos conscientes del dolor ajeno, solidarios y generosos.

Quisiera un mundo con gentes libres, dispuestas a compartir e interesadas en la cosa pública y social, con políticos que tuvieran imaginación, con voz convincente y discurso templado y perspicaz, que fueran dialogantes y comprensivos, que hablaran del bienestar y de la educación, de la sociedad laica y de la escuela pública, de la justica y de las oportunidades de las ciudadanos sin otra ambición que enderezar los problemas de sus pueblos.

Quisiera un mundo donde se hundiera de una vez el poder de los rostros invisibles que controlan y manipulan los mercados financieros y especulativos a su antojo para establecer y apoyar nuevas alianzas políticas que les permiten seguir acumulando bienes, poder y riqueza, aun a costa de la miseria de las tres cuartas partes de la humanidad. Que fueran vanas las palabras y las amenazas de los que creyéndose portadores de verdades eternas suman en la angustia y la esclavitud las almas de los hombres.

Quisiera un mundo donde la decencia prohibiera matar, fabricar armas, donde no hubiera lugar para los hombres cuyas riquezas excesivas bastan para solucionar la vida de un continente entero. Un mundo donde la hermandad, la justicia, la libertad y la inteligencia superaran la ambición, el poder y la mentira, donde se hubiera erradicado la violencia y no corriera la sangre ni de inocentes ni de culpables.

En fin, quisiera un mundo donde cada semana hubiera poetas que homenajear, pintores que aplaudir, poetas que amar y pintores y escritores y políticos y campesinos y ganaderos y cineastas y actores, inventores, funcionarios o viajeros, y que esa ola de memoria y amor se expandiera como las galaxias de un universo sin agujeros negros que nos redimiera a todos del temor a la muerte que nos espera, inexorable, cualquier día de este siglo XXI.”

Rosa, aunque después describes un panorama, como tú dices cada vez más atroz, yo no pienso que sea de ingenuos esperar tales mundos. Es más creo que, muy sabiamente, nos das la solución a través de tu propia pregunta: ¿Qué podemos hacer los que queremos ser hombres y mujeres de buena voluntad, si el poder, la información y la capacidad de influencia están en manos de poderosos embusteros que extienden por el país sus burdas manipulaciones y mentiras y dan de comer verdadera bazofia televisiva a los ciudadanos para acostumbrarlos a no pensar, a no criticar, a no ver, a callar y a votar al primer hombre o mujer que salga más horas en televisión? 

Dejemos de ver esa bazofia televisiva, pensemos, critiquemos, veamos, no callemos y votemos a quien realmente crea en la cosa pública y en el bienestar de su pueblo.  No todo está en manos de los otros; el mundo que queremos está por construir y nosotros no somos mancos, ni ciegos, ni tontos.